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OSWALDO GUAYASAMIN
Paredes
Realizó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Quito, de la que llegó a ser su Director. Fue alumno del magnífico pintor Pedro León Donoso, quien lo encarriló hacia el 'realismo social indigenista'. A los 36 años, es merecedor de una beca a París.
Toda su vida fue anecdótica, hasta su muerte: un torpe accidente en unas gradas de concreto, de una casa en construcción, únicamente con la negra madrugada para atar sus pasos.
Su obra, parca en número y que no alcanzó la madurez plena, mereció varios premios nacionales y su participación en muestras colectivas en varios países de América y Europa. Su posición política fue firme y, a través del marxismo, permaneció fiel a sus ideales. El indio y el montubio constituyen el tema central para sus óleos. Logra un descarnado y dinámico realismo a base de distorsiones violentas y patéticas, gracias al empleo de una paleta austera de colores que acentúa el sentimiento de ira y rebeldía. Con un dibujo vigoroso y esquemático, de trazo sensible, lleno de dramatismo, su obra resume y representa: el llanto histórico surgido de frustraciones del pueblo indio. Todos sus temas son de llamado y de mensaje. Con su estilo parco en detalles, pinta con trazos exagerados y enérgicos brochazos, para producir visiones descarnadas y sombrías. Al paisaje lo despoja de la naturaleza de su ser físico, para revestirlo de un simbólico expresivismo.
Cada cuadro de Diógenes Paredes es un desafío y un manifiesto. A cada personaje trata de hacerle un arquetipo: gentes sin nombre, despersonalizadas, pero con su inconfundible identidad. Esto se debe y lo logra tanto al oficio, a la técnica empleada, como a su análisis del pueblo indígena, que lo ve y lo siente en sus más recónditos aspectos. Buscaba una forma directa y no convencional de transformar la realidad en una abreviatura pictórica: indios sumergidos en su ambiente natural -el páramo-, lejos de la 'civilización de los blancos'.
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