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ENRIQUE TABARA
Enrique Tabara
Enrique Tábara nació en Ecuador, en 1930. Es uno de los más importantes pintores latinoamericanos. Su obra cada día será más apreciada, aunque ya ha ocupado un importante lugar en la plástica europea, gracias al tiempo que este artista trabajó en Barcelona con los informalistas, grupo al cual aportó ideas y técnicas. Lo admiro muchísimo, he estado con él en su taller, aprendí grandes lecciones sobre composición y manejo del color. "Este ordenamiento que sensible y sensorialmente percibimos, no impide que rasgo mayúsculo de su obra sea el que se ofrezca a nuestra visualidadcomo espontáneo, brotado de un impulso vital, y no como hecho de reflexión, voluntad y coniencia atísticas" (Mejía, M.E.).

Cuentan que esa montubia desnuda tan seductora y candorosa que pintara Enrique Tábara sorprendió de tal manera a un crítico español muy serio y compuesto, que él no tuvo más que medirla con la Maja de Goya. Dicen que pintó un grupo de mulatas enanas y desfiguradas de una fealdad tan terrible e inolvidable, que echaban raíces en la imaginación de todos quienes las miraban. Dicen que Tábara hizo aparecer en sus lienzos a los robots de Isaac Asimov; cuentan que hurgó tan profundo en América que en sus telas cobraron vida antiguos hechiceros poderosos. Dicen que todos los errantes del mundo pasaron por Guayaquil dejando en los cuadros de Tábara las huellas siempre distintas de sus pasos. Y cuando el pintor tomó a esos zapatos, pies, patas y piernas y los encaminó hacia la selva, cuentan que de sus manos nacieron árboles nuevos nunca vistos por el ojo del hombre. Tábara hizo entonces magia con los insectos y los transformó en seres eternos. Y de tanto respirar naturaleza y luego de medio siglo de beber el color sin prisa, Tábara acaba de descubrir un nuevo cosmos de formas exuberantes que requieren semanas para desperezarse en las telas de su creador.

Enrique Tábara está feliz. Es junio y hace frío en Guayaquil, y el pintor aparece luciendo mucho menos de sus 72 años para contarnos que siente nueva vida fluyendo a través de sus pinceles. "Abandono ya el tema de insectos por este nuevo mundo. Traigo una sensación de la realidad y la expreso pero sin copiar nada de la realidad. El referente concreto tiene algo que ver con el paisaje, pero es un aspecto diferente de él. Esto es memorizar la realidad tomando sus ritmos, estoy muy contento porque esto es lo que quiero pintar en un futuro."

Dos cuadros recientes dan cuenta de sus nuevos hallazgos. Tábara los mira complacido y señala un aspecto fundamental de ellos, "lo que no ha cambiado jamás es mi técnica de hacer los relieves. Me gusta que la pintura pueda ser táctil, que uno pueda sentir la dimensión del volumen".

Y cuando relata cómo logra este portento, "preparo el lienzo con un relieve de otra tela empapada de pintura, y cuando la pintura está a punto de secarse, dibujo las formas y empiezo a trabajar con hojas de gillette, que las uso mucho para cortar y dejar las imágenes que quiero destacar en volumen; requiere paciencia..." advierte una paradoja importante en su pensamiento, "yo siempre he combatido el arte que tiene más de artesanía que de arte. Lo he criticado porque olvida el aspecto de la creación. Pero por otro lado, admiro a los artesanos, porque es indudable que el trabajo meticuloso de hacer una obra de arte tiene mucho de artesanía."

Enrique Tabara
Tábara se ha reinventado, para regocijo de quienes lo siguen, pero sigue mascullando las mismas preocupaciones de siempre, el color, la composición, el valor artístico de una obra de arte y por sobre todo ello, la invención: el materializar por vez primera lo no dicho y lo no visto. Con sus soluciones, descubrimientos y reflexiones Tábara ha compuesto extensos textos de los cuales la gran mayoría permanece oculto al público en el taller de trabajo del pintor. Sin embargo, en la realización del libro Tábara, auspiciado por el Banco de Guayaquil, el autor, el crítico español Carlos A. Areán consiguió rescatar parte de estas ideas y las incluyó en este trabajo editado en 1990.
"Por mucho tiempo estuve obsesionado por descubrir todas las posibilidades de expresión del color, sus contrastes, tonos, densidades y relaciones armónicas o desarmónicas; la luz al ubicarla en un determinado tipo de imagen, descubrir el choque visual que se produce al ponerlos en disputa, color y línea, sobreponiéndose el uno al otro.
Con el manejo del color sucede algo distinto a otras disciplinas, no vale lo aprendido o vale muy poco... Las emociones están supeditadas al simple impacto del color que descubrimos en la realidad exterior.
El artista creador sabe que crear significa no repetir sino inventar, receptar, ordenar algo nuevo. Aún considerando que jamás podría existir un divorcio absoluto de la línea y el color, este es lo más importante en la pintura."

Enrique Tabara - Tres insectos
¿Qué si Tábara sufre este proceso creador inacabable? Al contrario, lo que el pintor admite sufrir son las interrupciones, las visitas inesperadas, las llamadas constantes, el trajinar de la ciudad. Pero el antídoto lo halló hace quince años en el silencioso verdor de Quevedo, donde tiene todo lo que le es más querido: su familia, su estudio, sus piezas arqueológicas, su colección de arte ecuatoriano y su paz. Tan encantado está Tábara con esta ciudad costeña que hoy acaricia la idea de crear un museo que combine arqueología y pintura contemporánea ecuatoriana. A Quevedo, "yo le tengo los cuadros, lo que sí reconozco es que las posibilidades económicas no están para hacerlo, pero esperemos mejores momentos para concretar el museo".

Lo que sí marcha viento en popa es la localmente célebre ‘Bienal de Quevedo’, el concurso de pintura que tiene a los muchachos del lugar devanándose los sesos con estas ideas un tanto extravagantes del color y la forma. Tan popular se ha vuelto el certamen que en aras de la justicia y la demanda el pintor ha tenido que vedar la participación de una que otra revelación plástica que empezó a llevarse los premios año tras año. Ganen o pierdan, los participantes se llevan una lección de arte, en la que Tábara les pide sean valientes frente a la tela y que no se detengan a reflexionar si sus imágenes se parecen poco o mucho a los referentes reales que rondan los cuadros. Y por supuesto les recuerda cuál es el trabajo del artista, "el inventar y crear algo que no se ha hecho antes y que tiene esa religiosidad y esa rigurosidad del trabajo del artesano.
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